El problema sanitario en Castilla y León
Teresa Pascual Alonso
Médico Internista, Doctora en Farmacología y gestor sanitario
15 mayo 2025

Estimados lectores:
Antes de comenzar a dibujar un esbozo de la sanidad que actualmente se nos ofrece en Castilla y León, nuestra comunidad, quiero al menos presentarme, para intentar conseguir un acercamiento mutuo.
Mi nombre es Teresa Pascual Alonso, alumno interno por oposición de la Cátedra de Farmacología de la Universidad de Valladolid, licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Valladolid, doctor en Farmacología con mención «Cum Laude». Especialista tras examen de homologación Europeo en Medicina de Familia y, especialista vía MIR de Medicina Interna con un número en torno a 500. Dicha nota me permitía ejercer en cualquier región de España en esta especialidad, pero mis circunstancias personales me animaron a realizar la especialidad en el Hospital Clínico de Valladolid.
En los últimos 25 años he ejercido mi labor profesional en la sanidad privada como internista y como gestor, siendo director médico del Hospital Campo Grande, Felipe II y Paracelso, con un receso de 3 años como médico de Emergencias Sanitarias en el centro de coordinación del 112. Actualmente y tras el fallecimiento de mi esposo, el doctor Zárate, catedrático de Farmacología, jefe de servicio de Farmacología Clínica del Hospital Clínico Universitario de Valladolid y Secretario del Comité de los ensayos clínicos de este centro, el cual fue mi maestro, acicate presente a diario en mi vida intelectual, investigadora, gerente y clínica y sin el cual nada de esto habría sido posible, me dedico únicamente a ejercer como médico internista en la sanidad privada. Como verán mi vida profesional se podría calificar con esa palabra tan de moda: “poliédrica”. He vivido todos los aspectos de la medicina clínica, aspectos significativos de la gestión e interactuación entre la sanidad pública y privada (hablo de las tan sensibles concertaciones públicas-privadas sanitarias) y muchos de la docente.
Sin más preámbulos y tras esta contenida presentación me voy a ocupar del área Sanitaria en Castilla y León.
Primero quiero hacer hincapié en una característica innata e importantísima que a veces no tenemos presente de Castilla y León. Nuestra comunidad es la más grande de Europa, nada más y nada menos ocupa 94.224 km cuadrados, con una población de 2.397.889 habitantes1, una densidad de población de 27,14 habitantes por km cuadrado y 2.248 municipios. La provincia más extensa de Castilla y León, que no la más poblada, es León con una superficie que supera los 15.500 km cuadrados. Valladolid cuenta con 525.987 habitantes, siendo la provincia más poblada, mientras que Soria sólo cuenta con 90.131 habitantes. Las provincias con más población son por tanto Valladolid, León, Burgos, Salamanca, por ese orden, mientras que Zamora, Ávila, Palencia Segovia y Soria, también por ese orden tienen menos población.
Es obvio que a mayor población más recursos y más riqueza, no sólo en el ámbito sanitario sino también en el geopolítico y económico; las grandes empresas siempre invierten más donde la densidad de población es mayor y por tanto la mano de obra es más asequible.
Por otro lado, Castilla y León es una comunidad tradicionalmente agrícola y ganadera ―siempre se la ha comparado con el granero de España―. Esto obliga a que haya grandes extensiones de terreno dedicadas a la agricultura y, por tanto, la densidad de población en esas zonas rurales disminuye ostensiblemente, dispersando a sus habitantes que ocupan pueblos con poca población, donde la gestión de recursos socio-sanitarios se hacen menos rentables. Necesitamos extensión agraria, pero eso conlleva núcleos urbanos pequeños con pocos recursos, lo cual asocia indiscutiblemente la disminución del atractivo para arraigar familias dado que no sobran, más bien faltan ofertas culturales, sanitarias y docentes.
A estas características se le une una geografía dispar. Nada tiene que ver la región de Barrios de Luna con la planicie palentina. Regiones como Cubos de Burgos con la Laguna Negra de Soria y no digamos el fronterizo paso con Portugal de Zamora con su sierra de la Culebra, magistral hechizo arbustivo vegetal de la naturaleza zamorana.
Bien, estas características geográficas, económicas, culturales tan diversas conforman nuestra comunidad.
El ámbito sanitario no es inmune a estas situaciones. Nuestros médicos del siglo XXI. Los sanitarios, médicos, enfermeras, auxiliares conductores de ambulancias, etc. viven aquí, tienen familias aquí y consolidan su vida laboral y personal aquí o, al menos, eso intentan, dado que las oportunidades de consolidación profesional son paupérrimas, los concursos de consolidación profesional públicos son tortuosos, lentos y escasos. De tal forma que un médico interino puede perfectamente ocupar un puesto de trabajo más de diez años y, cuando se convocan los concursos de oposición, ser desplazado por alguien que ha sacado mejor puntuación (no digo que no sea justo) y, con toda su familia ya asentada debe trasladarse a otra ciudad; no hay inmediatez ni dinamismo en la asignación consolidada de las plazas sanitarias, eso es una medida más que disuasoria a la hora de pensar en formar una familia en esta comunidad.
Los médicos de este siglo primero sufren unas exigencias académicas que a veces superan las vocacionales; si tienes una nota de corte en selectividad de 13.98 es imperativo al menos plantarte ser “médico” aunque la vocación a veces no acompaña. Pero “eres médico”. La realidad de la medicina supera siempre la ficción. La medicina lucha y siempre pierde contra la enfermedad ―de lo contrario la gente no moriría― y lucha sobre todo contra el sufrimiento, para lo que debe estar al día en los nuevos avances farmacológicos y técnicas quirúrgicas y diagnósticas. Por tanto, la formación diaria es totalmente obligatoria, no es opcional. Esto significa pertenecer a equipos sanitarios dinámicos, influyentes, interactivos, grupos de trabajo exigentes y bien formados con unas opciones tecnológicas punteras: oncología con sus nuevos equipos de radioterapia y tratamientos farmacológicos que minimizan las lesiones de los tejidos periféricos, los robots quirúrgicos, navegadores. las salas de hemodinámica cardiaca, las salas de electrofisiologia cardiaca, angiología, cirugía digestiva, ginecología, neurocirugía urología traumatología… y tantos innovadores y valiosísimos equipos profesionales que mejoran sin duda el pronóstico de todas las patologías, las expectativas de curación o la calidad de vida.
Esta tecnología punta tan económicamente costosa y estos centros hospitalarios destacados, sólo son rentables en núcleos de población privilegiados: Valladolid, León, Salamanca, Burgos, el resto de nuestras provincias no cumplen estos criterios económicos. Sí señores, así de duro, Segovia está cerquita de Madrid y allí se tratan muchos de nuestros pacientes más dolientes.
Por otra parte, la dispersión de la población de las áreas rurales hace que un médico de familia, que ha tenido que superar un bachillerato con una nota elevada, y una formación durísima se dedique a la itinerancia en consultorios de salud rurales obsoletos, 2 días a la semana en un núcleo poblacional de 150 habitantes, envejecido con patologías como hipertensión arterial, insuficiencia cardiaca crónica, diabetes, bronquitis crónica, el colesterol alto e insuficiencias venosas y artrosis; otros dos días en otro núcleo de similares características y, con suerte 1 día en el centro de salud con sus compañeros, donde se realizan sesiones clínicas que ponen en común los casos más serios y donde reciben información de los representantes de la industria de la existencia de nuevos fármacos. Para una profesión con expectativas elevadas, los menores calificativos que se me ocurren ante tal situación son los de frustrante, obsoleto, inadmisible, desfasado, inoperativo y totalmente ofensivo e injusto para nuestros pacientes.
Si hablamos un poco de las Emergencias Sanitarias de nuestro queridísimo 112, sanitarios de corazón y profesión que se enfrentan a tráficos en carreteras tercermundistas, infartos de miocardio a las 2 de la madrugada en núcleos rurales perdidos en las zonas más recónditas de León, en los pueblos con mayor dificultad de acceso de Soria o Zamora y así podría citar todas las provincias de Castilla y León… nevando y sin cobertura, hasta el extremo de que rogamos a nuestros sanitarios que cuando lleguen a casa del enfermo nos hagan saber que están bien, llamando desde allí al centro coordinador del 112, porque tememos por sus propias vidas, para lo que en ocasiones utilizan lo único que funciona: el teléfono fijo de ese hogar. Y, no se olviden, estamos hablando de Emergencias Sanitarias.
Describiendo la dura realidad que he vivido ―no me han contado nada―, he sido fiel testigo viviente de cada momento que reflejo. Son totalmente explicables y comprensibles las elecciones de nuestros futuros MIR. Los próximos médicos no se ven como Médicos de familia en consultorios dispersos sin dotación sanitaria, haciendo lo que pueden con lo que tienen, sino en centros sanitarios grandes desde el barullo de la medicina actual y donde el equipamiento dotacional es puntero, aunque pese sobre ellos la inseguridad laboral, ya que nadie les garantiza poder consolidar sus puestos de trabajo.
El presupuesto sanitario del 2024 de la Junta de Castilla y León fue de 4.879 millones de Euros, de los cuales se destinaron 1.2 millones de euros para mejorar la aplicación de Sacyl Conecta y la carpeta del paciente. La lista de espera quirúrgica media fue de 108 días, con 30.315 pacientes, las listas de espera de pruebas diagnósticas fueron de 63 días para el TAC, 103 para la RMN, 81 para las mamografías y las consultas externas superan los 125 días. Las familias actualmente están haciendo un esfuerzo económico para que esto mejore acudiendo a la sanidad privada que ya comienza a saturarse.
Todo esto explica, sin lugar a duda, que en esta convocatoria MIR 2024, tras haber elegido 2.450 médicos MIR, no hubo ninguna elección para Ávila ni para Palencia, pero no se crean que somos ninguna excepción, tampoco la hubo en Cuenca ni en Teruel y no tiene ninguna gracia.
De las ofertas totales de 755 en Castilla y León, las elecciones hospitalarias de las plazas MIR fueron por este órden: 74 en Valladolid Este, 52 en Valladolid Oeste, 91 en Salamanca, 58 en León, 56 en Burgos, 19 en Segovia, 17 en Palencia, 15 en Zamora, 14 en el Bierzo, 11 en Avila y 7 en Soria, con 190 plazas MIR de médico de familia sin cubrir que, tras la “repesca” ―un término peyorativo que acuñamos para llamar a la oferta final de las últimas plazas que se se ofrecen a los aspirantes que no pudieron obtener una plaza en la primera adjudicación o que quedaron vacantes tras renuncias―, aún así nadie cubrió. Las últimas 47 plazas de médico de familia en Castilla y León quedaron sin cubrir: es decir, nadie las escoge, ni regaladas. Piénselo: nadie quiere ser médico de familia en Castilla y León en 47 plazas asistenciales. ¿Qué ofrecemos?
Señores disculpen si mis pensamientos en voz alta han sido digamos un poco tormentosos, pero esta es la realidad. Necesitamos inversión, alicientes profesionales y estabilidad laboral. Señores Políticos la ficha está es su tablero, hagan de esta una gran comunidad no sólo por extensión, sino por grandeza cultural y población, eso que tanto hemos ya reclamado y hasta suplicado. Dignidad para nuestra población y nuestra tierra.
Un afectuoso saludo y gracias por leerme.
Nota de autor: no utilizo lenguaje inclusivo porque lo considero pedante y redundante.
- Dato a fecha 1 de abril de 2025 según la Estadística Continua de Población publicada por la Junta de Castilla y León. ↩︎
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Teresa Pascual Alonso
Alumno interno por oposición de la Cátedra de Farmacología de la Universidad de Valladolid, licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Valladolid, doctor en Farmacología con mención «Cum Laude». Especialista tras examen de homologación Europeo en Medicina de Familia y, especialista vía MIR de Medicina Interna con un número en torno a 500.
En los últimos 25 años he ejercido su labor profesional en la sanidad privada como internista y como gestor, siendo director médico del Hospital Campo Grande, Felipe II y Paracelso, con un receso de 3 años como médico de Emergencias Sanitarias en el centro de coordinación del 112. Actualmente se dedica a ejercer como médico internista en la sanidad pública.
